Cada mañana, a primera hora y en absoluto silencio, un hombre enciende las luces de la fábrica, despierta las bombas y los compresores, y da comienzo a su día. Su nombre es Roberto. Ya han pasado más de 20 años desde que se unió a Pasqual Arnella, lo que lo convierte hoy en nuestro artesano más veterano y querido.
Su misión consiste en inyectar con precisión la pasta de papel (Paperpaste) en los moldes para darles una forma perfecta. Muchos de los maniquíes y objetos de exhibición que se fabrican en Pasqual Arnella han nacido de sus manos, siempre tranquilas y firmes. A continuación, compartimos la historia de sus 20 años de esfuerzo y dedicación.
“Eso lo he hecho yo”
«Yo nunca había trabajado en una empresa, así que al llegar lo veía todo muy raro. La máquina la habían construido ellos mismos, y yo miraba cómo iban saliendo las piezas, sin entender muy bien qué estaba pasando. (…) Pero luego vas a una tienda, ves algo en un escaparate ecológicos y piensas: ‘Eso lo he hecho yo’. Eso te da un orgullo difícil de explicar».
Mucha gente todavía no se cree que nuestros maniquíes sean de cartón. Cuando Roberto les aclara que no es plástico, sino 100% pasta de papel, la gente se sorprende; él disfruta ver esa reacción porque ese instante de asombro es el fiel reflejo del valor de su trabajo.

El recuerdo de los maestros y el arte dentro del molde
En la memoria de Roberto siguen muy vivos los dos pilares que lideraron las generaciones de Pasqual Arnella: Josep Maria y Ramón.
» Josep Maria was a perfectionist who devoted himself to getting every detail right. He was meticulous with his work, making sure each mould was executed flawlessly and every piece came out consistent. Quiet and highly detail-oriented, he was the kind of craftsman who would not let anything slip past him.
«Josep Maria era muy meticuloso, buscaba la perfección en cada molde. Quería que todas las piezas salieran bien, que fueran iguales. Era un hombre muy detallista y callado. Ramón era otra cosa: era como tres trabajadores en uno. Hacía moldes cuando tocaba, gestionaba pedidos, resolvía lo que hiciera falta… un todoterreno total».
Ese espíritu artesanal fue heredado directamente por Roberto. Aunque la tecnología ha avanzado y la fábrica se ha modernizado, su corazón sigue latiendo con fuerza cada vez que manipula los moldes históricos que llevan la impronta de sus maestros.

Como Roberto destaca: «Los moldes de antes eran más artesanales, más detallados. Por ejemplo, el de la cuna: cuando sacas la pieza y ves todo el detalle, te das cuenta de que es casi una obra de arte. Eso no se olvida.”
El corazón de la fábrica: hacia un movimiento más suave
Al preguntarle qué cambiaría si pudiera volver a vivir estos 20 años, Roberto nos sorprende con una confesión sincera sobre el corazón de nuestra producción.
«Si pudiera cambiar algo… Mejoraría el corazón de la empresa: la máquina. La gente pensará que la máquina funciona perfectamente, pero a mí me gustaría refinarla un poco. Hacerla más suave, menos brusca. Hoy en día, los moldes son mucho más pesados que antes y la máquina aguanta más tension…”
La demanda de Paperpaste ya no se limita al sector de la moda con sus bustos y maniquíes ecológicos; ahora se ha expandido hacia el diseño de interiores y la decoración del hogar (home decor). Esta diversificación ha dado lugar a una gran variedad de productos y, como consecuencia, es cierto que el peso de los moldes ha aumentado considerablemente. Roberto, que comprendía major que nadie el funcionamiento de las máquinas de fabricación, observaba todo ello con una mirada llena de cariño.
Epílogo: El viaje continúa
Acompasado al ritmo constante de la maquinaria y soportando el peso de los moldes, Roberto sigue siendo el artesano que infunde al papel reciclado las siluetas más bellas del mundo. Su trayectoria no se mide en números, sino en la calidad humana y sostenible que define a Pasqual Arnella.
«¡Gracias, Roberto, por caminar a nuestro lado durante estos 20 años! Nos queda un largo y hermoso futuro para moldear.”
